miércoles, 10 de abril de 2013

El corazon, caja de yesca...

El corazón, caja de yesca...

Para los que no saben lo que es una "caja de yesca", antes de que se inventen los fósforos, la gente salía con este artículo en el bolsillo. Muy común en los tiempos de los recontra-tatarabuelos...Hoy, solo nostalgia y olvido...

Se trata de una latita, simplona a veces, o muy coqueta con decoraciones finas; marcando siempre el nivel socio-económico de su poseedor. Algunas eran un bien de familia. Otras, un artículo casi mágico, pero en todos los casos, un objeto imprescindible. Su finalidad era la misma: encender el fuego.

Dentro de dicha lata, se colocan por lo general, un trozo de acero y una piedra bien dura. Muy dura! Tecnicamente la piedra debe ser de dureza 7 o superior, estando el diamante en el numero 10. Al golpear dichos elementos, se desprenden chispas y estas le dan la vida a esa reacción químico-físico-mágica...la llama!

Pero para que éstas débiles estrellas se transformen en soles refulgentes, debe haber una cosa fundamental dentro de la lata: la yesca! Y esa yesca, en algunos casos, se compone de trapos viejos, madera podrida y otros materiales de "desecho" que previamente carbonizados, se transforman en elementos perfectos para esta milagrosa acción.

Y como es que el corazón se comporta como una caja de yesca?

Las personas, a veces, cuando conocemos el amor y lo perdemos, (por motivos varios que no vienen al caso) solemos "poner en desecho y carbonizar" todos esos sentimientos y cosas que tuvimos en el tiempo que ese fuego rugió, no importa con cuanto calor o que duración. La cosa es que llenamos nuestra lata de yesca con material listo para arder, una vez mas.

Suele pasar que en el camino encontramos un diamante, es decir, la piedra mas dura que conoce el hombre. A veces pasa, créanlo. Y que al mas minimo rozar con el acero, hace chispas increíbles! De golpe, nos damos cuenta, casi sin querer, incluso sin buscarlo, que una de esas luces milagrosas aterrizó en el lugar adecuado...y una brasa, muy chiquita, imperceptible, comenzó a formarse ahi adentro. Al principio no la vimos, pero cuando su calor se hizo presente, intentamos desesperadamente darle vida! Si! Hay calor, hay fuego!!! Una luz cereza, casi invisible al rayo del sol cobra vida, y mas la soplamos, y mas crece.

A ese calor, en mi "latita" le digo amor...

Es un ser vivo, en pleno desarrollo. Hay que cuidarlo o se apaga.

El asunto es que si el combustible no esta cerca, o esta mojado, o simplemente no puede ser prendido por nuestra brasita, si soplamos mucho, terminamos por gastar toda nuestra yesca, quedando fríos, mojados, hambrientos y sin otra cosa mas que buscar y buscar, y rebuscar alguna manera de volver llenar esa lata.

En ese caso, lo mas prudente, es poner la tapa en su lugar y sofocar eso. Antes que crezca y nos consuma por adentro. Dejar lista la yesca, en caso que se vuelva a encontrar con esas chispas.

Curiosa situación, no encuentro la tapa de mi latita, y la yesca se consume, sin prisa pero sin pausa...

4 comentarios:

  1. Precioso texto, Marcelo, poesía bushcraft. Me lo guardo.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, a veces cuando estoy lastimado, me sale escribir algo asi...
    Muchas gracias otra vez!

    ResponderEliminar
  3. Que lo tiró!!!! Realmente está para un premio de literatura.
    Lamento que algo tan lindo como este texto nazca de una experiencia dolorosa.
    Sos un tipo lleno de virtudes y no te preocupes por poner ninguna tapa que esa lata tiene yesca de la buena y que dura toda la vida. Aparte aún no estoy del todo seguro si no sos vos el que tiene la chispa y que en vez de buscar otra chispa debes mirar a los costados que quizá haya una yesca sin encender.
    Hermosas palabras y muy buena analogía.
    Amigo!! En ambos sentidos a usted jamás le faltará el calor de una hoguera pues ha compartido muchas chispas y fricciones. Solo es cuestión de darse el tiempo para ver y no con los ojos como usted ya sabe.

    ResponderEliminar
  4. Gracias hermano, muchas gracias..!

    ResponderEliminar